Tuvo que ser un domingo gris

Tuvo que ser un domingo gris
el que despertara la nostalgia por mi tierra.
Por panqueques con dulce de leche,
mates calientitos
y una partida de truco.

Porque no hay nada tan porteño
como un domingo oscuro,
de calles mojadas y caminatas solitarias.

No hay como el peso abrumador
de un cielo plomizo en una tarde de domingo
para retraerte a la soledad que nunca se fue.

Las nubes grises traen consigo
Esa melancolía del alma porteña
que te descubre bajo el manto húmedo de las palmeras,
Ese sentimiento de desolación
que no te abandona ni entre las hojas mojadas de los bananeiros,
Esa angustia existencial
que te encuentra aunque te escondas en una isla tropical.

Traen
la nostalgia,
la tristeza,
el enojo,
el suspiro eterno.

Pero acá hay compañía.
Aquí la lluvia se torna vida.
Y la nostalgia se desvanece
entre
el calor,
las olas
y el mato.

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