Volver a casa

Ilustraciones por @pypyna.art
Ilustraciones por @pypyna.art

¿Por qué será que nos vamos de los lugares donde hemos sido felices?
¿Por qué será que dejamos atrás a las personas que han alegrado nuestros días y calmado nuestras angustias?
Está en nuestra naturaleza permanecer unidos y no separados.
Está tan inscripto en nuestro ADN que aceptamos la amistad efímera de quien se presta para compartir tan solo unos momentos.
Pero dejamos atrás a quienes quisieron quedarse a compartir unos minutos más.

Si realmente los queremos, no soportamos la distancia y buscamos volvernos a encontrar.
Elegimos viajar juntos.
Elegimos no aventurarnos en la vida tan solos.
Aceptamos que no somos tan fuertes.

¿Por qué nos vamos de casa?
¿Por qué abandonamos el nido?
¿A quién le queremos probar que somos fuertes, que «podemos solos»?
Nadie puede solo.
Tal vez por un rato nos salga mantenernos más o menos a flote.
Pero enseguida perdemos el equilibrio y nos hundimos de nuevo.
A veces, una brazada desesperada nos hace asomar la cabeza.
Otras, agitamos los brazos desesperados para que alguien venga a rescatarnos.
Nos hundimos.
Nos hundimos constantemente, rítmicamente.
Ahora sí.
Ahora no.
Ahora sí.
La marea nos empuja, nos arremete, hace lo que quiere de nosotros.
Nada se sostiene si no hay en quien sostenerse.
Nada se sostiene si no hay con quien sostenerlo.

No somos peces.
No estamos hechos para que nos lleve la corriente.
No somos pájaros.
No estamos hechos para volar eternamente.
Somos mamíferos.
Estamos hechos para vivir en manada.
Pero el pez nada en cardúmenes.
Y el pájaro se aleja en bandadas.
Y siempre, siempre vuelve al nido.
O se crea uno proprio.
Con sus propios pollitos,
que aprenderán a volar
y volverán a casa.

Deja un comentario